La tapadora de huecos es una narración ficticia en la cual se explora el texto biográfico. En este caso se procura crear desde la escritura creativa la vida de una mujer que vive de tapar huecos en el alto de ventanas, cabe resaltar que la biografía a continuación es una creación ficticia escrita por la estudiante Yuliza Tapias García y dibujada por el estudiante Anderson Suárez Vásquez.
LA TAPADORA DE HUECOS.
Soy Sara Yurelis Aladdin García, nacida en el municipio de Tarazá, Antioquia el 12 de agosto de 1996. Hija única de Luis Alfonso Aladdin Marín, un hombre arriero de carga reconocido en la localidad y su madre Maria Petulia García Toro mujer dedicada toda su vida a la venta de arepas y pollos de engorde.
Viví mis primeros 11 meses de vida en este municipio y no fue
hasta el año 1997 con un año de
edad que mi familia tomó la decisión de trasladarse a una pequeña vereda
llamada el Tigre, ubicada en el municipio de Cáceres. El ingreso a esta era
aproximadamente a 6 horas de camino, allí viví la mayor parte de mi
infancia. Para cuando tenía 6 años de edad entré a estudiar en una pequeña escuela llamada el tigre, tuve pocos amigos,
conocí una niña llamada Leonarda quien se convertiría en mi amiga y con la cual compartí mucho y
disfruté de unos buenos y maravillosos momentos, pero no fue hasta el 15 de marzo de 2003 que
falleció a causa de un paro cardíaco. Ella para mí fue como la hermana que
nunca tuve y soñaba
poder tener. Recuerdo que para el año 2006
terminé la primaria y ese año
salimos a pasar nuestra navidad en Tarazá puesto que los años anteriores no salíamos de la vereda,
estuvimos una semana allí donde me divertí y puede
compartir con mi familia (todo esto antes de la tragedia).
Al regresar a la vereda empecé a
ayudar a mi madre en todo lo del hogar ya que no puede terminar mis
estudios por falta de recursos económicos, el colegio más
cercano era en el centro de Cáceres, muy retirado de aquella vereda, no sabía de familiares que vivieran cerca o si tenía familiares que aún vivieran.
Pasé mi juventud bajo el
resguardo de mis padres realizando actividades y trabajos, nos apoyábamos y cuidábamos. Todo esto hasta el 12 de mayo
del año 2018 que aconteció una gran tragedia que
terminaría por acabar con todo lo que conocíamos, una gran avalancha que provocó el crecimiento del río,
mismo río al que mi padre Alfonso se dirigía a realizar su trabajo de carga,
(esa fue la última vez
que lo vimos). Fuimos evacuados de la vereda y desplazados hacia el municipio de
Valdivia, donde tuvimos que permanecer por nuestra seguridad sin saber nada
acerca de mi padre o nuestra casa. Poco tiempo después supimos que mi padre
Alfonso había fallecido en el transcurso de esa tarde y no pudieron hallar su cuerpo.
Permanecí con mi madre
albergada en una institución educativa, vulnerables ante la situación no pudimos
hacer nada para evitar grandes pérdidas, al poco
tiempo ella enfermó de dengue gravemente debido al gran cambio de ambiente y
mala seguridad en la salud que nos brindaban. Al poco tiempo mi madre
fallece. Para el 15 de julio de ese año
encontrándome sola sin mi familia conocí a Steven, un joven que pasaba por una
situación similar a la mía, se encontraba con su padre puesto que su madre y
hermanas murieron en aquella tragedia. Recuerdo que para inicios de agosto
tuvimos que desplazarnos de este albergue debido a que ya no podían tenernos
más tiempo allí, me encontraba angustiada sin saber a donde ir puesto que el hogar donde había crecido quedó completamente destruido.
Steven y su padre quienes
tenía familiares en el municipio me extendieron su mano y me brindaron ayuda, permanecí con él y
su familia hasta finales del año 2022 que Steven y yo decidimos
formalizar una relación e irnos a vivir a una vereda en el alto de ventanas,
donde construimos nuestro hogar. Steven trabajaba en el pueblo y yo era ama de
casa. transcurrido un año
quedé embarazada, noticia que no le agradó a Steven, el cual decidió abandonar a nuestro hijo y a mí, no supe qué hacer en tal situación he
intente suicidarme a causa de la aflicción que sentía por quedar sola, por allí
pasaba una anciana que se dedicaba a tapar los parches y huecos de la
carretera, recibía monedas y dinero de los carros que pasaban y la veían allí
trabajando. Fue una mujer muy amable, vio mi pena y pidió que me quedara con
ella pues ya estaba muy anciana y sabía que no viviría mucho tiempo, me prestó su pala para que pudiera trabajar con ella y fue así que terminé viviendo en el
alto de Ventanas tapando los huecos de la carretera para poder alimentar a mi
hijo y seguir adelante con él. Aunque
hace poco murió doña Licia, sé que seguiré luchando por estar
bien y darle una vida estable a mi hijo.
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