MITO Y POESÍA.
Dos estudiantes de la Institución Educativa Valdivia se aventuraron a la creación literaria explorando un mito de fundación del colegio mismo y un poema sobre la pérdida y la nostalgia por la pérdida del ser amado.
- En el siguiente enlace pueden encontrar el vídeo con la lectura del poema en la voz de la estudiante Saira Dayana Meneses Gaviria:
https://www.youtube.com/shorts/OTQbX4FdEpE
Poema:
TE EXTRAÑO.
Por: Saira Dayana Meneses Gaviria. Estudiante de 7-02.
Veo un rincón, en el que veo tu carita que me lleva a pensar en ese día que te perdí y solo quiero decirte que nunca te voy a olvidar.
Con esa sonrisa tan tierna que me hacía reír cada día que pasaba pero lo único que tengo que decir es que te quiero
No importa lo que pase, siempre te voy a valorar con ese sentimiento de padre e hija que siempre se van a querer y nunca se van a separar.
Aunque la vida te separó de mi ladito y te extraño, no importa, siempre iré a visitarte en ese lugar donde solo puedo ver tus huesitos sin poder retornar.
LA INSTITUCIÓN EDUCATIVA VALDIVIA: UN CORAZÓN DE CIENCIA Y VIRTUD.
Por: Nicol Karolina García Suarez. Estudiante del grado 11-02
Valdivia era un pueblo pequeño y no muy evolucionado desde sus cimientos, los días eran serenos, las personas muy trabajadoras desde la espesa niebla hasta el luminoso y ardúo sol. Viviendo entre los regalos de la naturaleza, entre la calma que el clima frío les podía ofrecer; sus corazones llenos de calidez suficiente para derretir cualquier fachada de frialdad, gente destinada a recibir la guía para sus almas y la expansión para su mente.
Un ser inmortal tan viejo como el tiempo mismo, cautivado ante la naturaleza pacífica y envolvente de la población, descendió desde las nubes, la niebla y la montaña, se desplazó por las empedradas calles con la espontaneidad de un viento en verano, su túnica parecía reflejar La luz tenue del sol y su presencia etérea hablaba de siglos de sabiduría. Se trataba de Jewoba, cuya presencia fue bien recibida por sus aires de grandeza.
Hypatia alguien
de no mas de 10 años, llamada por la intriga que le causaba aquel ser, intentó acercarse
a esta figura que emanaba saber, quería encontrar las respuestas que su mente
curiosa le exigían mas no fueron necesarias palabras, Jewoba escuchó el eco de
sus pensamientos, la esencia que irradiaba desde su curiosa alma, así le
proporcionó las respuestas que buscaba su inexperimentada mente, a diferencia
de los ancianos allí, rebosantes de sabiduría otorgada por vivencias y
experiencia de años.
Los jóvenes por
su parte ya no poseían la naturaleza curiosa de los niños, pero sí tenían claro
el saber que concernía al campo y a sus labores; Jewoba se sintió tan bien
recibido que lo proclamó entonces “el pueblo elegido” y creyó oportuno hacerles
un regalo, uno que jamás olvidaría, este regalo respondería las dudas de los
niños, expandiría el conocimiento de los jóvenes y complementaría la sabiduría
de los ancianos.
Jewoba entonces,
arrancó su propio corazón, un corazón lleno de ciencia y virtud, echo para
repartir verdad, cualidades hasta hoy vigentes en nuestra comunidad educativa.
Las personas resguardaron su corazón enterrándolo en un lugar lleno de
frondosos árboles. El corazón latente bajo tierra dio vida y luz a aquel lugar,
lugar donde entonces se construyeron los cimientos de un colegio, lleno de vida
a base de la magia de aquel corazón que yacía bajo su superficie. Allí, tanto
niños y jóvenes fueron iluminados por la educación hasta el día de hoy.
Jewoba satisfecho
por haber cumplido su misión, volvió a ascender y desde allí, desde las nubes,
la niebla y la montaña se enorgullece de nuestra sed de saber y el cultivo de
nuestra mente.
Fotografías: Verónica Atehortúa Mazo y Diego Andrés Martínez Rúa.
Edición y vídeo: Durley Mariana Bolivar Betancur.




