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sábado, 14 de septiembre de 2024

Entrega 3: Puerto Valdivia en los ojos de la Inteligencia Artificial.


Descripción: Luego de varios intentos de descripción, le hemos pedido a la Inteligencia Artificial ChatGPT4 que nos realice un retrato de Puerto Valdivia, consideramos que la imagen a continuación fue la más precisa que nos pudo regalar. Una estudiante cuyo nombre se reserva ha construido un relato maravilloso entorno a dicha pintura, inspirado en el famoso corregimiento Puerto Valdivia.

Autora: Hope. Grado 10-02.

PUERTO VALDIVIA.


    Pequeño lugarcito con vastos campos verdes, risitas infantiles y palabras especiales. Había magia por donde se mirase, no importaba dónde, hasta las piedras, parecían brillar. Cuenta la abuela que su abuela le contó que a su abuela le había contado un cuento su abuela que narraba ese lugarcito, vaya a saber qué tanto era verdad y hasta dónde era mentira, pero de que el cuento era lindo nadie que lo escuchase lo podía negar. Hablando de la abuela, le pedí que esa historia me volviera a contar mientras plato por plato me pasaba para colgar, lavaditos y limpiecitos se preparaban para almorzar. Ella siempre inicia de la misma manera, sonrisa picarona y un pequeño mojin. Murmura unas palabritas y terminando su ritualcito inicia a contar.

—Se dice que fue hace mucho tiempo, cuando aún no había nombres para las montañas —empezó, como siempre—. Los campos brillaban, y la naturaleza, en armonía con el viento, entonaba cantitos de felicidad. Era como si la tierra misma se alegrara de ser nuestro hogar. El monarca vivía contento, y sus dos principitos eran la adoración del pueblo. Mientras crecían, iban conquistando corazones, y sus súbditos los querían con tanta intensidad que se pensaba que quemaban una llama ardiente de buena. Pero, como siempre ocurre, la felicidad no puede durar para siempre, y a veces, las lágrimas también son necesarias —la abuela hizo una pausa, y se dirigió por la escoba, para luego continuar—. La reina había muerto hace tiempo, y se decía que el rey, ya envejecido, pronto cedería su lugar. Las vastas tierras mágicas debían ser entregadas a uno de sus hijos, pero ¿quién de los dos sería el elegido?

El rey no quería molestar a ninguno de sus hijos, pues sabía que, si elegía entre alguno de ellos, desataría una terrible enfermedad: la envidia. Y así, el rey en su lecho recibía quejas y relatos de riñas entre sus dos vástagos; pleitos por tierras que dañaban a su pueblo al borde del río. Parecía que las tierras se marchitaban, como si la magia se hubiera extinguido. Ni el amor ni la historia parecían suficientes para contener la decadencia. El río sin su habitual calma, parecía con furia querer atacar.

El hermano mayor, decidido a no permitir que nadie tomara su lugar, trazó rápidamente un plan para desterrar a su hermano. Fingió dejar de lado las riñas, asegurando que la decisión recaería en su padre, y entonces sugirió enseñar a su hermano menor a disparar con arco. Mandó hacer dos flechas, cada una con sus nombres, y juntos se dirigieron a la orilla del río para practicar.

—Intercambiemos flechas —dijo el mayor—. No dejarás caer la tuya, y el golpe final llevará tu nombre.

El hermano menor, sin sospechar la trampa, preparó la flecha y alzó el arco. Justo cuando su hermano mostró el objetivo, su cuerpo se tensó. Frente a él, un pequeño cervatillo de pelaje castaño lo observaba con grandes ojos oscuros, invitándolo a retroceder. En el reino, estaba prohibido matar vidas inocentes sin necesidad, una ley establecida por el bien de todos.

El mayor, viendo la duda en su hermano, no le dio tiempo a pensar. Le arrebató el arco y disparó con la flecha tallada con el nombre del menor “Valdimer”, atravesando las costillas del cervatillo y haciendo sangrar su corazón. Pero de la sangre que derramó solo la vida brotó.

Vianor, el mayor, acusó a su hermano de infringir la ley. Sin embargo, la verdad tiende a salir a la luz y la misma ley establecida, por su propia magia, se encargó de actuar. Poco a poco el mayor con la verdad entre la lengua, fue revelando el crimen, incapaz de ocultarlo más, mientras el pueblo observaba pasmado. 

El rey, aunque amaba a su hijo mayor, reconoció el error que este cometió y decidido lo castigó. Sabiéndose amado por el pueblo, una pequeña parte lo acompañó mientras su padre al otro lado del rio lo envió.

Si alguien intentaba cruzar el río con malas intenciones en su corazón, el río lo arrastraría a sus profundidades para luego arrojarlo a un rincón. Pero si su corazón era puro, el río le permitiría cruzar. Pasaron meses, y el rey empeoraba, mientras el reino se agitaba por lo que estaba por venir.

Un vasallo, tras cruzar el río para visitar a su familia, vio el estado crítico del rey y fue a contárselo al príncipe. Desesperado, el príncipe intentó cruzar el río, pero este no lo dejaba pasar. El río le exigía más, pues era la naturaleza misma la que él había herido.

Sabiendo esto, el príncipe decidió construir un puente, y con la ayuda de sus seguidores, comenzó la obra. Al ver su buena voluntad, el río permitió que el puente se formara. El príncipe cruzó y visitó al rey, quien, justo antes de morir, lo nombró rey del otro lado del río. Como último deseo, el rey pidió paz, amor y unión para su pueblo y sus hijos. Así, los dos príncipes fueron nombrados reyes, cada uno gobernando las vastas tierras a ambos lados del río, siendo este un puerto rico en vida llamado por primera vez “Puerto ValdiVia” cumpliendo la voluntad de su padre.



Vocabulario

Valdimer: "El que gobierna con paz"

Vianor: Derivado del nombre antiguo Vian, que significa "camino" o "viaje". El elemento "nor" es asociado con el norte, teniendo en cuenta la posición de Puerto Valdivia.

Puerto ValdiVia: Unión de los nombres de los dos hermanos: "Valdi" del hermano menor, Valdimer, y "Via" del hermano mayor, Vianor.                                    

  • Imagen 1: Puerto Valdivia creado por Inteligencia Artificial Chatgpt4.
  • Imagen 2: Puerto Valdivia, fotografía cortesía de diario el Colombiano, Carlos Velásquez, 2022.    

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