—Se dice que fue hace mucho tiempo,
cuando aún no había nombres para las montañas —empezó, como siempre—. Los
campos brillaban, y la naturaleza, en armonía con el viento, entonaba cantitos
de felicidad. Era como si la tierra misma se alegrara de ser nuestro hogar. El
monarca vivía contento, y sus dos principitos eran la adoración del pueblo.
Mientras crecían, iban conquistando corazones, y sus súbditos los querían con
tanta intensidad que se pensaba que quemaban una llama ardiente de buena. Pero,
como siempre ocurre, la felicidad no puede durar para siempre, y a veces, las
lágrimas también son necesarias —la abuela hizo una pausa, y se dirigió por la
escoba, para luego continuar—. La reina había muerto hace tiempo, y se decía
que el rey, ya envejecido, pronto cedería su lugar. Las vastas tierras mágicas
debían ser entregadas a uno de sus hijos, pero ¿quién de los dos sería el
elegido?
El rey no quería molestar a ninguno de
sus hijos, pues sabía que, si elegía entre alguno de ellos, desataría una
terrible enfermedad: la envidia. Y así, el rey en su lecho recibía quejas y
relatos de riñas entre sus dos vástagos; pleitos por tierras que dañaban a su
pueblo al borde del río. Parecía que las tierras se marchitaban, como si la
magia se hubiera extinguido. Ni el amor ni la historia parecían suficientes
para contener la decadencia. El río sin su habitual calma, parecía con
furia querer atacar.
El hermano mayor, decidido a no
permitir que nadie tomara su lugar, trazó rápidamente un plan para desterrar a
su hermano. Fingió dejar de lado las riñas, asegurando que la decisión recaería
en su padre, y entonces sugirió enseñar a su hermano menor a disparar con arco.
Mandó hacer dos flechas, cada una con sus nombres, y juntos se dirigieron a la
orilla del río para practicar.
—Intercambiemos flechas —dijo el
mayor—. No dejarás caer la tuya, y el golpe final llevará tu nombre.
El hermano menor, sin sospechar la
trampa, preparó la flecha y alzó el arco. Justo cuando su hermano mostró el
objetivo, su cuerpo se tensó. Frente a él, un pequeño cervatillo de pelaje
castaño lo observaba con grandes ojos oscuros, invitándolo a retroceder. En el
reino, estaba prohibido matar vidas inocentes sin necesidad, una ley
establecida por el bien de todos.
El mayor, viendo la duda en su
hermano, no le dio tiempo a pensar. Le arrebató el arco y
disparó con la flecha tallada con el nombre del menor “Valdimer”, atravesando
las costillas del cervatillo y haciendo sangrar su corazón. Pero de la sangre
que derramó solo la vida brotó.
Vianor, el mayor, acusó a su hermano de infringir la ley. Sin embargo, la verdad tiende a salir a la luz y la misma ley establecida, por su propia magia, se encargó de actuar. Poco a poco el mayor con la verdad entre la lengua, fue revelando el crimen, incapaz de ocultarlo más, mientras el pueblo observaba pasmado.
Si alguien intentaba cruzar el río con
malas intenciones en su corazón, el río lo arrastraría a sus profundidades para
luego arrojarlo a un rincón. Pero si su corazón era puro, el río le permitiría
cruzar. Pasaron meses, y el rey empeoraba, mientras el reino se agitaba por lo
que estaba por venir.
Un vasallo, tras cruzar el río para
visitar a su familia, vio el estado crítico del rey y fue a contárselo al
príncipe. Desesperado, el príncipe intentó cruzar el río, pero este no lo
dejaba pasar. El río le exigía más, pues era la naturaleza misma la que él
había herido.
Sabiendo esto, el príncipe decidió
construir un puente, y con la ayuda de sus seguidores, comenzó la obra. Al ver
su buena voluntad, el río permitió que el puente se formara. El príncipe cruzó
y visitó al rey, quien, justo antes de morir, lo nombró rey del otro lado del
río. Como último deseo, el rey pidió paz, amor y unión para su pueblo y sus
hijos. Así, los dos príncipes fueron nombrados reyes, cada uno gobernando las
vastas tierras a ambos lados del río, siendo este un puerto rico en vida
llamado por primera vez “Puerto ValdiVia” cumpliendo la voluntad de su padre.
Vocabulario
Valdimer: "El que gobierna con paz"
Vianor: Derivado del nombre antiguo Vian,
que significa "camino" o "viaje". El elemento
"nor" es asociado con el norte, teniendo en cuenta la posición de
Puerto Valdivia.
Puerto ValdiVia: Unión de los nombres de los dos hermanos: "Valdi" del hermano menor, Valdimer, y "Via" del hermano mayor, Vianor.
- Imagen 1: Puerto Valdivia creado por Inteligencia Artificial Chatgpt4.
- Imagen 2: Puerto Valdivia, fotografía cortesía de diario el Colombiano, Carlos Velásquez, 2022.

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